Montaño continúa siguiendo a Dios a donde Él le lleve

Carlos Montaño y su esposa Lorena, con sus hijos Caleb, Charly y Carlena, usan ropa indígena de las tribus de las Montañas Andes para introducir un poco de la cultura Latinoamericana a las iglesias en Estados Unidos. (Foto cortesía de Carlos Montaño)

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Carlos Montaño sintió el llamado de servir a Dios a temprana edad, pero no fue a algo específico al principio. Aun así, Montaño sabe que Dios ha guiado su vida y continúa llevándolo a lugares a los que él nunca imaginó.

“Mi llamado ha sido un proceso en el que el Señor ha abierto puertas y yo entro por ellas,” él dijo.

Montaño creció en Bolivia, con dos hermanas y tres hermanos, en un hogar con padres que dedicaron sus vidas al ministerio. Estudió en un instituto de arte en Cochabamba donde se concentró en música. De los 42 estudiantes que empezaron con él en el cuarto grado, él fue uno de los 15 que se graduaron del duodécimo grado.



A principios de los 80s, recibió la oportunidad de una iglesia en Georgia para estudiar la universidad en Estados Unidos. Como estudiante, él continúo usando sus dones para servir en iglesias en Georgia, donde tuvo responsabilidades como ministro de jóvenes y de música. También trabajó extensivamente ministrando a través de conciertos, conferencias, avivamientos y otros trabajos misioneros.

Esas experiencias eventualmente lo llevaron a Southwestern Baptist Theological Seminary en Fort Worth, donde él y su esposa hicieron su hogar y criaron a sus hijos.

Un asunto de familia

Su hija Carlena y sus hijos, Charly y Caleb, se hicieron participes del ministerio de sus padres instantáneamente. Ya que sus hijos estudiaron en casa, ellos podían viajar con sus padres, mientras también usaban la música para hablar de Jesús con otras personas—y mostrar un poco de la cultura latinoamericana.



“Hemos disfrutado mucho esto. Ha sido un privilegio servir en el ministerio,” Montaño dijo.

Él notó que el ministerio de la familia muchas veces proveía a algunas iglesias en Estados Unidos la oportunidad de interactuar por primera vez con alguien de América Latina.

Mientras estudiaba en la universidad, Montaño solo conoció a otros cuatro estudiantes de América Latina, y Atlanta era la única ciudad en Georgia en la que él podía encontrar algunas iglesias hispanas. Fuera de la universidad y en algunas iglesias localizadas en áreas metropolitanas, Montaño cuenta que sus interacciones con otros hispanos—usualmente inmigrantes de primera generación—ocurrían en los ranchos o granjas de miembros de iglesias que él visitaba y donde ellos trabajaban.


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Él vio eso como una puerta abierta para que no solo pudiera adorar con las iglesias, pero también introducir su cultura con iglesias anglo y ayudarles a ver cómo Dios se comunica a través de otros idiomas y otras culturas, él dijo.

Con un estilo de música de las tribus indígenas Aymara y Quechua de las Montañas Andes, la familia ofrece una “probadita de esas culturas,” Montaño mencionó.

Muchas veces, miembros de las iglesias que ellos visitaban también invitaban a la familia de Montaño a sus casas, dando oportunidad para estrechar la relación y conocer más de la cultura.



Apoyando a las iglesias de América Latina

Mientras iglesias en Estados Unidos conocían por primera vez de las culturas en Latinoamérica, Montaño les informaba cómo grupos indígenas todavía no han escuchado de Dios.

Carlos Montaño y su familia han viajado a través del país y del mundo presentando el evangelio y dando apoyo a los ministerios de diferentes iglesias. (Foto cortesía de Carlos Montaño)

Gracias a las relaciones que los Montaño han hecho con iglesias en América Latina, ellos han podido encontrar apoyo para sus ministerios.

El ministerio de la familia Montaño continúa cambiando, dependiendo del contexto en el cual se encuentran. A veces buscan juntar fondos para comprar útiles escolares para familias en Centroamérica o la construcción de un nuevo edificio para una iglesia.



El ministerio ha abierto las puertas para que la familia experimente cosas hermosas y también algunas situaciones difíciles, Montaño dijo.

Mas de la mitad de su ministerio se ha realizado en zonas rurales de Latinoamérica, donde Montaño y su familia han aprendido cómo muchas personas viven con mucho menos que las familias en Estados Unidos, él notó.

Ya que le dan mucha importancia a la contextualización, los Montaño han encontrado ministros que necesitan apoyo en sus localidades y aprenden cómo les pueden ayudar. También quieren que otros cristianos descubran sus llamados.

“Así como Dios ha usado diferentes eventos en mi vida para guiarme, también queremos que Dios nos use en las vidas de otros para que ellos sigan su llamado,” Montaño explicó.

Tiempos cambian, nuevas puertas se abren

Dios ha usado a los Montaño en conciertos para miles de personas en América Latina, donde muchas personas han escuchado por primera vez acerca de Jesús.  También han apoyado a iglesias en crecimiento con materiales de construcción, programas para niños y ayuda médica misionera.

“Oro que Dios siga abriéndoles las puertas, así como Él lo hizo conmigo,” él dijo.

Ahora Montaño entiende que Dios puede estar abriendo otra puerta para él y su familia.

Sus hijos ya son adultos, y ellos están empezando a tener sus propias familias con sus parejas.

Aunque no tengan la oportunidad de viajar y ministrar juntos, Montaño sabe que esto puede traer una nueva etapa en su servicio a Dios. También entiende que Dios puede estar guiando a sus hijos a usar los que ellos han aprendido y conectarse con otras áreas del ministerio por sí solos, así como él lo hizo antes.

“No me importa donde Dios los ponga. Solo espero que ellos nunca dejen de servirle,” Montaño dijo. “Espero que ellos siempre digan, ‘yo debo de vivir para otros y no para mí.’”

Después de 38 años de ministerio, Montaño dijo que él ha aprendido que confiar en Dios es la única manera en la que los cristianos llegaran a donde tienen que ir. Sin importar cual sea el reto o el problema, Dios tiene un plan, él dijo.

“Tal vez no sepamos a donde iremos al final, pero siempre es grandioso seguir a Dios a través de las puertas que Él abre,” Montaño dijo.


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