Cambiamos vidas al cambiar nuestra manera de vivir

  |  Source: Faith & Leadership

Seamos cortadores de cercas, no porteros.

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No puedes crecer para ser lo que quieras ser en los Estados Unidos.

Mi hija y mi hijo pequeños han sido testigos de niños que se parecen y se oyen como ellos, que quieren jugar como ellos, correr libres como ellos, pero que están encerrados detrás de cercas de alambre.

Me han preguntado: “¿Eso seremos nosotros?”

Con la violencia continua contra quienes han sido oprimidos racialmente, la subyugación de las mujeres, el diseño “para capaces” de nuestra sociedad, las brechas sistémicas en vivienda, riqueza, salud y educación, hemos dejado sin imaginación a las generaciones futuras.

Existe una limitación en la capacidad de soñar en grande cuando los cuerpos de jóvenes negros, morenos e indígenas mueren en nuestras calles por la violencia estatal y social.

Esa opresión histórica y contemporánea acumulada contribuye a lo que yo llamo “la brecha del propósito”.

En todo Estados Unidos, un padre blanco mete a un niño en la cama y le dice: “Puedes ser lo que quieras ser cuando seas grande”, y tanto el padre como el niño lo creen, mientras que un padre de color mete a un niño en la cama y dice: “Señor, mantén a mi hijo a salvo”.

Esa es la brecha del propósito.

¿Qué hacemos en esta era en la que una vida que está a solo una derivación del estándar masculino blanco, de descendencia europea, heteronormativo y sin discapacidad está relacionada a una mayor vulnerabilidad? ¿Qué hacemos? ¿Cómo cerramos esta brecha que se hace cada vez mayor?


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Esta es una cuestión de significado y propósito. Es una pregunta que surge del entender que mis– sus, nuestros–llamados a tener vidas con significado y propósito se establecen en el contexto de un legado de 530 años de supremacía blanca en las Américas, que comenzó en 1492.

Esta violencia ha afectado a generación tras generación, obstaculizando nuestra capacidad de soñar y lograr nuestros múltiples propósitos. No significa que seamos incapaces de soñar, ni niega a los que llegan más alto. Pero nuestra capacidad de imaginar se ve obstaculizada y distorsionada por el trauma que se repite tanto en la historia como en el mundo material.

Debemos volver a contar las inexactitudes de la historia porque se nos borra del registro. Más recientemente, la negación de la titularidad a Nikole Hannah-Jones, la creadora de The 1619 Project (El Proyecto 1919), y Cornel West son signos claros de que el ser borrado o la erradicación son tácticas supremacistas incluso en lugares de aprendizaje “superior”. Hannah-Jones y West están haciendo contribuciones que dan forma al campo y brindan llamados al altar cultural para que la nación enfrente su historia violenta y racista.

Aniquilación o asimilación, resistencia o habituación, todo mientras las opresiones reincidentes nunca van a juicio.

¿Qué podemos hacer? ¿Cómo pueden las comunidades de color discernir un propósito que no es solo un negativo fotográfico de los sistemas dominados por los blancos?

Lo que ofrezco, como punto de partida, son tres formas fieles de vivir en respuesta a un mundo injusto: Ser cortadores de cercas, no porteros; vivir como buenos ancestros; y celebrar constelaciones, no estrellas.

Ser cortadores de cercas, no porteros

Las imágenes que inundan nuestros canales de noticias son cercados de tela metálica que encierran a personas negras, morenas, migrantes e indígenas en mayor proporción que a nuestros vecinos de cuerpo blanco.

Con la influencia menguante de la iglesia y la academia en la sociedad, he sido testigo del impulso de proteger, calificar y controlar quiénes y cuáles son las expresiones de liderazgo, los guardianes a quienes a menudo se les otorgan títulos oficiales como pastor, mentor o maestro.

En lugar de porteros, necesitamos más cortadores de alambre, personas que vean las barreras y las derriben o, al menos, hagan agujeros lo suficientemente grandes para que nuestra gente cruce hacia la libertad.

No se trata de que las personas de cuerpo blanco enseñen sobre las condiciones, diciendo: “¡Mira estas cercas!” a los que están encerrados dentro de ellas. Se trata de utilizar cualquier poder disponible para romper y derribar barreras.

Vivir como buenos ancestros

Necesitamos personas para diseñar y crear las condiciones para que las generaciones futuras prosperen. El mejor momento para plantar un árbol para esta generación fue hace varias generaciones.

Esto es más que una metáfora extraída de las Escrituras —el regalo de tener árboles que no plantamos y pozos que no excavamos (Deuteronomio 6:11)—, ¡es también una súplica ecológica literal de que estamos destruyendo este planeta y necesitamos más árboles!

Cuando vivimos de esta manera, estamos practicando la vida diaria como si el mundo de nuestros tataranietos, su ecosistema, su comunidad y sus sueños dependieran de ello.

Celebrar constelaciones, no estrellas

Como sociedad, miramos a los que más brillan: la estrella resplandeciente, el influencer, el genio entre nosotros.

En cambio, debemos buscar a los líderes que vienen con su gente: su comunidad, sus antepasados ​​y sus descendientes.

Líderes como estos no buscan ser los primeros ni los únicos en la sala, sino crear las condiciones para asegurarse de que no sean los últimos. No buscan sus momentos individuales; están intentando construir un movimiento.

Superar la brecha del propósito consiste en reparar el mundo para que todos podamos volver a soñar. Sueña sin miedo. Sueña con el mundo que todos queremos habitar.

Cerrar la brecha del propósito significa que la próxima vez que mis hijos hagan la pregunta: “¿Eso seremos nosotros?”, no mirarán jaulas. En cambio, serán testigos de los cortadores de alambre, los antepasados ​​en entrenamiento, las constelaciones de luchadores por la libertad que construyen mundos donde todos podemos prosperar.

Y les responderé: “Sí, m’hija y m’hijo, eso somos nosotros”.

Patrick B. Reyes es director sénior de diseño de aprendizaje del Forum for Theological Exploration (Foro para la Exploración Teológica). Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen solo al autor.  


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