Los hombres orquesta no existen

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Nadie puede hacerlo todo. No sé qué tipo de persona eres, o si te resulta fácil asumir tu posición para el cumplimiento de una tarea determinada. Yo soy del tipo “bombero”: donde comienza el incendio allí aparezco. ¿Hace falta un músico? Allí aparezco. ¿Es necesario un consejero? Cuenta conmigo. ¿Se precisa un maestro? Claro, allí estaré. ¿El lugar está sucio y necesita un buen aseo? No te preocupes, yo lo haré. ¿Hay que ocupar la posición del maestro de ceremonias? Quédate tranquilo que yo me ocupo. Tal vez tenga que ver con el tipo de medio en que nos hemos movido, pero algunos de nosotros nos hemos considerado “hombres orquesta”, tratando de hacer lo que haga falta.

Pero la realidad es que nadie puede hacerlo todo. Hay personas que hacen muy bien su tarea, se han especializado y son muy eficaces en aquello a lo que se dedican. Pero no pueden hacerlo todo.

Esta es una realidad que se aplica a diferentes áreas de la vida.



Nadie puede hacer todo en la familia. Sí, hay mamás que se quedan solas y ofician de papá y mamá, proveedoras y amas de casa, educadoras hogareñas y administradoras domésticas. Pero la verdad es que no pueden hacerlo todo.

No existe el trabajo en el que uno solo pueda hacerlo todo. La experiencia no garantiza la eficacia; al contrario, quien tiene experiencia tiene más clara su necesidad de trabajar en equipo. Porque nadie puede hacerlo todo.

Y, ¿sabes qué? En la iglesia de Jesucristo nadie puede hacerlo todo. Muy por el contrario, a Dios se le ocurrió la idea de obrar por medio del mejor ejemplo de equipo coordinado que puede existir: la iglesia, el cuerpo de Cristo.



Por su acción todo el cuerpo crece y se edifica en amor, sostenido y ajustado por todos los ligamentos, según la actividad propia de cada miembro. (Efesios 4:16)

En realidad, este pasaje tendría que resultar un precioso manual para el ideal del funcionamiento de la iglesia. Quiera Dios hacernos sensibles para aprender lo que está tratando de enseñarnos.

La ciencia ha investigado cuidadosamente cómo son nuestros cuerpos. Sabemos que están compuestos por tejidos de diferente índole. Hay tejido epidérmico (la piel), tejido muscular, tejido adiposo (ese que quieres que alcance de una vez su mínima expresión)… Por dentro tenemos órganos que cumplen diferentes funciones. Operan de manera coordinada, de forma que cada uno potencia o favorece la labor eficaz del otro, para que todo el cuerpo funcione correctamente. La buena alimentación, coordinada con la cantidad necesaria de ejercicio, actividad y descanso completan la ecuación para nuestro óptimo rendimiento.


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Dios es muy sabio, y utilizó la analogía del cuerpo para que aprendiéramos de qué manera funciona la iglesia.

La palabra clave aquí es amor. El cuerpo, que es la iglesia, por la acción del Señor crece y se edifica en amor. Este aspecto es muy sensible. La iglesia puede carecer de todo, como de hecho ha ocurrido en muchas ocasiones. Los cristianos han seguido adelante sin Biblias, sin templos, sin leyes que los favorecieran o defendieran. Pero la iglesia no puede servir si no tiene amor. Es lo que la mantiene unida, lo que le concede la condición de cuerpo. Sin amor no hay cuerpo, sino solo un cierto número de órganos independientes que pretenden atribuirse el mérito de servir a Dios.

Piensa en tu iglesia. Ora por ella. Necesitamos amor, vernos y considerarnos como Dios nos ve y nos considera, como un cuerpo.



Cada miembro de la iglesia tiene su propia actividad. Y todos tenemos actividades diferentes, conforme a lo que nuestro Señor nos ha repartido. No esperes que el otro haga lo mismo que tú. A veces ni siquiera tienes por qué esperar que el otro vea las cosas como las ves tú. Pero tanto su perspectiva como la tuya son absolutamente necesarias, y ambos son miembros del mismo cuerpo.

Ese es el milagro que Dios quiere hacer.

¿De qué equipo eres miembro? ¿Cuál es tu función? ¿Estás cumpliendo con tu función? ¿Estás orando por la unidad del cuerpo y haciendo tu esfuerzo para que la unidad se mantenga? ¿Vives intensamente tu conexión con la cabeza, el propio Jesús, en tu relación personal con él?



Vivimos un tiempo muy especial, y el mundo necesita de la iglesia, el cuerpo de Cristo, levantando con autoridad el estandarte del evangelio. Hasta que Cristo regrese.

Sé parte de lo que Dios está haciendo.

Este artículo fue publicado originalmente por el autor en http://brisaparaelalma.blogspot.com/2014/06/20-junio-2014.html

Alfredo Ballesta es pastor de ministerios Hispanos en la iglesia bautista First Groves en Groves, Texas. 


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